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dilluns, 2 de maig del 2011

Resimo


Había una vez un meteorito que se acercaba a la tierra. En dos días llegó a la tierra en un país llamado Escreten.
Del meteorito salió un pequeño animal. Era muy bajito, tenía una corta cola, unos ojos muy claritos
y la piel llena de manchas rojas.
El hijo del inventor y científico más conocido del mundo pasaba por allí y se encontró al extraño individuo. Se lo entregó a su padre y ese le investigó. Era del espacio Erósimo y dijo que el color de las manchas le iba cambiando y cuando se le pusieran negras moriría.
El niño le preguntó que si sabía hablar y le dijo que sabía hablar todos los idiomas del mundo y del espacio.

El niño se lo llevó a una larga explanada a jugar y el extraterrestre le enseñó muchos juegos nuevos pero como el niño era un poco rarito, no tenía amigos y se alegró mucho.
Al cabo de un mes el niño le había enseñado a leer, a hacer raíces cuadradas y hasta a inventar un robot. Esa noche a Resimo (el nombre que le puso el niño) le cambiaron de color las manchas a color verde oscuro.
Al día siguiente el niño se dio cuenta y se puso un poco triste. Se hicieron muy amigos y nadie les podía separar hasta que un día en la ciudad se lo llevó la policía.

El niño se fue corriendo a rescatarlo y le robó la llave al guardia, lo sacó de la prisión y fueron a una montaña donde al niño le cayó una piedra muy grande en el pié y Resimo cambió a color morado y eso le dio mucha fuerza. Le sacó la piedra al niño y le dijo “Has gastado dos meses de vida para rescatarme, ¿por que lo has hecho?” Resimo sonrió y le dijo: por que eres mi amigo y lo daría todo por ti.
A los tres meses a Resimo se le pusieron las manchas negras y se despidió del niño. Una luz azul se lo llevó hacia el cielo y el niño se puso a llorar. Aún Resimo le contempla desde Erósimo y al año siguiente le mandó un hijo suyo como agradecimiento.


Eric Díaz